Origen y causas 
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La causa exacta de la AR es desconocida, se considera una enfermedad en la que participan múltiples factores que deben converger en un individuo susceptible para que se desarrolle la enfermedad. Por tal motivo, en la actualidad no existe un medicamento que la cure. Los factores que se han relacionado para desarrollar la enfermedad son los siguientes:

a) Factor genético (herencia):
Así como se heredan las características físicas, intelectuales o las aptitudes (como por ejemplo para la música, las matemáticas o el dibujo), pasa lo mismo con las características de las células, su funcionamiento y la tendencia hacia algunas enfermedades. Este es el caso de la artritis reumatoide, que es un padecimiento en cuyo origen existe una predisposición genética que participa en el desarrollo y la gravedad de la enfermedad. Esta variación en la herencia explica por qué en una misma enfermedad las manifestaciones clínicas pueden variar de una persona a otra, es decir, tienen diferente gravedad.

b) Factor ambiental:
Existen factores ambientales desencadenantes que, junto con el factor genético, determinan el desarrollo de la enfermedad. Dentro de dichos factores se incluyen: localización geográfica/clima, nivel de desarrollo, tabaquismo, nivel hormonal y algunas infecciones, principalmente por virus. No es que estas enfermedades sean directamente consecuencia de una infección, sino que la infección altera las células del sistema inmune. Estas células, llamadas linfocitos, son las encargadas normalmente de producir anticuerpos, que son parte importante del sistema de “defensa” del organismo. Los virus hacen que las células funcionen defectuosamente, por lo que los anticuerpos que producen son anormales y en lugar de servir de defensa del organismo, causan lesión en otras células y órganos del cuerpo.

c) Factor género y tabaquismo:
Esta enfermedad, como cualquier otra, puede presentarse en diferentes etapas de la vida; sin embargo, en la mayoría de los casos comienza entre los 30 y 50 años en ambos sexos, aunque es más común en las mujeres. Un desencadenante potencial es el consumo de cigarros.

 
 
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